domingo, 27 de julio de 2008

La ropa sucia (no) se lava en casa

por Catalina Rivera.

Yo, una decena de veces, he presenciado en plena calle actos de violencia hacia nosotras las mujeres, los cuales son efectuados por sus propias parejas. Principalmente gritos y zamarreos, pero violencia al fin y al cabo. En un par de esas ocasiones he visto carabineros en las cercanías, he ido hasta ellos y les he informado sobre lo que acabo de ver. En algunas oportunidades me han tomado en cuenta, en otras no. Es un tema difícil, con límites difusos, en el que nadie se quiere involucrar, donde pocos están dispuestos a intervenir, y muchos tapan su boca con frases como “no es mi problema” y otros tantos piensan “algo debe haber hecho para merecerlo”.
Partamos por decir que NINGUNA MUJER MERECE SER AGREDIDA NI FÍSICA NI SICOLÓGICAMENTE. Sin embargo, a menudo existe una responsabilidad compartida en la llamada violencia doméstica: uno agrede y el otro “se deja” agredir, ya sea por miedo, por vergüenza, por cariño, por esperanza de que la situación vaya a mejorar o, simplemente, por costumbre.
Pero, ¿por que tiene que ser así? ¿Por qué se ha perdido el respeto y la tolerancia frente a nosotras? En fin, parece un buen momento para comenzar a mirar nuestra sociedad como realmente es, para mostrar nuestros trapos sucios, lavarlos fuera de casa y secarlos al sol.

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